Al Menos, a Mi Parecer… Man of Steel, no Superman.

// Vuelvo con esta columna de opinión personal, en la que suelo enfocar algunos temas del mundo del cómic, el cine, el frikismo en general, bajo mi punto de vista pero intentando aportar también los conocimientos adquiridos a nivel profesional. Desde este año, la compondré con los pensamientos que voy plasmando en mi perfil personal de Facebook y las reacciones que estos suscitan, para construir más fácilmente mis columnas ya que, de otra manera, por falta de tiempo, siempre se quedan en borradores en el disco duro. 🙂

MAN OF STEEL, no Superman.

Publicado en facebook el 4 de Enero de 2017 a las 22:00

Imagina a Batman. Le sigues durante el principio de la película, entrena, está en el Tíbet y todas esas mierdas, vuelve a Gotham, se viste de murciélago y apaliza a unos cuantos ladrones, les entrega a Gordon.Hasta ahí, bien.

Vuelve a la mansión, y al amanecer, Su madre Martha está preparando una gala benéfica contra el cáncer para la alta burguesía de Gotham, y Thomas Wayne, su padre, está comentando algunos temas de Wayne Enterprises con Alfred, mientras comenta sobre su jubilación del Gotham General como director del Hospital.

Hostia, sus padres no han muerto. Ergo, por muy bien desarrollada que esté la acción, por buena interpretación o detalles ingeniosos que tengamos en el argumento, ese no es Batman.

Si Bruce se ha vestido de murciélago sin la motivación básica que le lleva a ello, pues, puede ser un justiciero estupendo, puede ser Kick-Ass, puede ser una especie de Iron Man, pero no será BATMAN.

Hostia, sus padres no han muerto. Ergo, ese no es Batman.

Ahora traslada esa falla irrecuperable en la interpretación del icono, e imagina a Clark Kent sin tener empatía por la humanidad, sin haber sido criado por unos granjeros humildes (o que estos, lejos de enseñarles sus valores, le obliguen a ocultarse y a dejar que la humanidad sufra sin hacer nada), sin querer ser un periodista corriente para después, sin ánimo de gloria, salvar a la humanidad de una catástrofe o a un gatín de un árbol.

Anda, si eso es precisamente MAN OF STEEL.

Alguien en WB/DC no entendió, o no quiso entender, cuales son los mimbres que, durante los primeros cómics, los seriales radiofónicos y cinematográficos, sentaron las bases para que el icono funcionara.

Como véis, este argumento,  no responde a las pataletas de alguien que quiere todavía a Christopher Reeve con el calzoncillo rojo, o que dice a la primera de cambio “Ese no es superman” porque no lleva el rizo o porque Lois le da el pie para acabar siéndolo (El caso de Smalville, que, de por sí, aunque cambiaba una situación concreta del personaje, no alteraba el icono y por qué funciona de una manera).

Lo peor es que ese castillo de Naipes endeble que es el DC Extended Universe, al ser construido sobre un error de base tan grande, muy probablemente caerá año tras año hasta derrumbarse, y no por deseo de detractores, no como fruto de campañas de tíos que prefieran el cine de Marvel Cinematic Universe, sino por no entender sus iconos, no comprender, como quien quiera contar una historia de Ulises o Aquiles, cual es la leyenda y con qué mimbres está construída para funcionar correctamente.

Puedes trasladar a Ulises a la Soap Opera, como en Ulises 31 (1981), pero si no vive la Odisea, y no tiene la motivación de volver a ver a Ítaca y a su esposa Penélope, no será Ulises.

Vámonos al Marvel Cinematic Universe: ¿Es Iron Man, en personalidad, quizás más un Han Solo con armadura, que el Playboy algo pedante y chulesco, pero con poca gracia, que es el del cómic en sus inicios? Sí. Pero es un tipo que, tras una experiencia traumática con las propias armas que su empresa fabrica y vende, decide dar un giro a su vida.

¿Es ahora Peter Parker un skater marginado y dedicado a la informática o a grabarse en webcam? Sí, pero su tío Ben muere a manos de un ladrón, o un asesino, cuando él ya tenía los poderes arácnidos, y su ego no le permitió dedicarlos a ayudar al prójimo. Hasta sigue siendo un Nerd, que es lo que era en los años 60, pero lógicamente con los cambios culturales que se han sufrido en los últimos años (y que, reconozcámoslo, en algunos aspectos han resultado que el resto de la sociedad los mire más positivamente, hoy son algo más parecido a los “polulares” del instituto, en la sociedad, que los del equipo de fútbol o las animadoras. Este fué un cambio muy bien entendido en The Amazing Spiderman y que se continúa, por lo que nos deja entrever el nuevo tráiler, en Spider-man: Homecoming

Claro que podemos cambiar conceptos ornamentales de un personaje para adaptarlo a otro medio o al tiempo en el que transcurra la historia, pero sólo si hemos comprendido su esencia y el mecanismo que le hace funcionar correctamente. Sin temor a equivocarme, y de memoria, creo que podemos decir lo mismo de todos los personajes principales que han desfilado por el universo Marvel cinematográfico en estos años, desde 2008.

Han habido varios Joker, con aspectos e incluso visiones diferentes del personaje, pero válidos. Desde Romero hasta Ledger. Luego, para ilustrar lo que digo en este artículo, está el que NO ES EL JOKER, el de Jared Leto. Han habido MUCHOS Superman, válidos en cuanto al icono, o la leyenda que lo conforma, con variaciones, muchas, todas válidas. Snyder no entiende a Superman. O no quiere.
Man of Steel comienza siendo una muy buena película. Emulando lo que Christopher Nolan haría en la primera de sus películas sobre el Caballero Oscuro, Batman Begins, bebe de varias fuentes a la vez para construir una nueva historia de Superman para un nuevo siglo: La intro de Kripton es más la de la serie de dibujos animados de Paul Dini y Bruce Timm, y lo borda. Partes de la trama, emulan a Superman II (ya dije algo al respecto de esa historia en mi columna, hace eones), se añade un Clark viajero que va realizando hazañas por el mundo antes de establecerse, visto en algunas sagas y reinterpretaciones del personaje, y una Lois Lane que podría infundir en Clark la valentía o el impulso para acabar adoptando la dualidad Superman/Clark Kent, esto último cogido con pinzas, me recordó enormemente al último episodio de Smalville.
Man of Steel comienza siendo una muy buena película.
Pero la película de repente, en uno de los aspectos fundamentales de la leyenda (equivalente a la muerte de los padres de Bruce o a la importancia del Tío Ben en Spiderman), desoye anteriores versiones, y elabora un Jonathan Kent cuyo discurso al adolescente Clark, tras salvar a sus compañeros de morir ahogados, es tremendista, inhumano, y egoista a más no poder. No es el granjero que educa al alienígena hasta hacerlo humano y cargado de los valores básicos de humildad, amor…
…Y para colmo, lo rematan con la escena de la muerte de Jonathan Kent, donde le impide hacer algo que perfectamente podría haber hecho, haberle salvado, sin que nadie más se hubiera percatado de nada, es de una factura digna de las películas de Asylum.
Si vas a imitar a Donner en el aspecto de matar al padre de Clark (que es un hecho que no sucede en muchas de las versiones de cómic, puesto que precisamente que los padres granjeros sigan siendo su amarre al sentimiento de ser humano es uno de los alicientes de su leyenda), hazlo bien:
En “Superman” (Richard Donner, 1978), Jonathan Kent muere por causas naturales, recordándole a alguien con los poderes de un dios, que ni él puede salvarle de algo así. Un broche de oro que en otras versiones no existía pero que en el lenguaje cinematográfico adquiere un peso enorme.
Es un hecho equivalente al adolescente atolondrado que, recién estrenados unos poderes arácnidos que podrían hacerle rico, se dedica a sí mismo hasta que, pudiendo haber impedido un robo, el mismo acaba originando la muerte de su tío. Impotencia.
El mejor Superman para mí, en comparación o por lo que he recordado siempre de los cómics, es el de Lois & Clark. ¿Por qué? Una de las mejores cosas que había en algunas épocas, sobretodo la de John Byrne, era la relación de Clark con sus padres. Y sí, Lois & Clark sería de bajo presupuesto, imitaría los seriales clásicos y hasta las bizarras aventuras de los 50 y 60, pero entendía a SUPERMAN mejor que ninguna de las adaptaciones cinematográficas hasta la fecha. Era delicioso ver cómo Martha y Jonathan pasaban el fin de semana en Metrópolis, como ayudaban a su hijo con dilemas superhumanos, y cómo, una vez casados, Lois y Clark discutían por reformar el piso a supervelocidad o hacerlo “normal” para disfrutarlo más.

No se ha llegado a entender al “Superman fruto de todas las épocas de cómic y cine”, como lo hicieron en aquella serie.

 

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